| Paraguas Corp. Día 2: |
INFO: quién lo pille a medias: aquí tiene toda la info. FECHA: 23/12/2012 HORA: 23:28 LUGAR: Santander (en la isla del club naútico) PUNTOS ESPECÍFICOS: Mi primer encuentro con dos infectados. Comienza a establecerse una pequeña rutina que permita hacer más llevadero el día a día. Hay constancia de más supervivientes pero evitan el contacto directo. ![]() (Plano de situación) ACCIONES REALIZADAS: Hoy tuve un día muy productivo, me levanté temprano, con las primeras luces del alba. Había dormido bien, pero aún así, había pasado mucho calor a pesar de estar ya en pleno invierno, me levanté empapado en sudor. Fui al cuarto sin ventanas donde guardo todos los juguetes de Airsoft y me equipé con un uniforme, chaleco y casco. Pretendía usarlo solo para portar más provisiones encima y porqué no decirlo, meterme un poco más en el papel de superviviente. Ya tenía el G36 que había adquirido y después, empaqué en la mochila los primeros víveres para dirigirme a la bahía que tan bonita había lucido días antes y ahora se encontraba, en muchos casos, muerta, con algunos cadáveres flotando en sus aguas. Llegué al borde y subí en la motora todas las provisiones. Tocaba segundo viaje. Por el camino vi luz en un sexto piso. Ni por asomo se me ocurrió subir. Cuando subía por las escaleras de casa, un escalofrío estremecedor recorrió mi espalda, pero no se trataba más que del miedo que quería salir, aunque yo no le dejara. Cargué con más provisiones y llené la motora con víveres en conserva para poder aguantar, al menos, un mes y me dirigí a mi primera fortaleza, la isla del club naútico. La electricidad no funcionaba, así que el utilizar el puxing para intentar encontrar una emisión estaría limitado a la batería. Preferí dejarlo para otro día. Coloqué todo, aunque iba a durar poco, mañana tenía pensado ir a mouro, allí, en el viejo faro y bien alejado y protegido tendría más opciones de establecer una fortaleza. El libro dice que los ghules podrían seguir andando por el agua pero eso no lo iban a escalar nunca, lo tengo claro. Eran las 13:42 cuando empecé a comer. Recuerdo exactamente la hora porque antes de ponerme a comer hice mi pequeño ritual de vaciarme los bolsillos y poner el reloj en la mesa, en este caso, una caja de cartón vacía. Solo comí un bote de fabada asturiana. Estaba muy rico y me comí hasta el tocino que nunca tomaba. No era época de derrochar. Si algún día todo volvía a la normalidad, habría aprendido mucho en esto, pero tampoco quiero pecar de soñador, aunque dicen que de ilusión también se vive. Al terminar me subí en la motora para ir a Pedreña, al club de buceo. Finalmente no cogí mi equipo. Estaba en el garaje bastante lejos de mi casa y no quería perder tiempo en ir y venir, así que me arriesgué a que el club mantuviese alguno de los equipos que suelen tener. Aunque lo más importante eran las botellas y el compresor. El puerto de pedreña tiene una pasarela como todos, que solo se usa para aparcar y descargar. Allí fui. Aunque ahora estuviese todo patas arriba, respetar las normas básicas, aunque sean de circulación y ahora no sirvan, me mantendrán con la humanidad que necesito, para seguir cuerdo un día más. Comencé a andar por la pasarela, tranquilo, como sabiendo que no iba a pasar nada. El G36 lo tenía a la espalda, y al frontal dos cargadores que había conseguido. En el bolsillo de la pernera izquierda tenía cartuchos sueltos, pero necesitaba más cargadores. Los portacargadores frontales eran para un M4 así que los tuve que forzar un poco para que entrasen los del G36. Subí por la pasarela y me dirigí hacia el club. La puerta estaba cerrada. Eso es bueno. De una patada la puerta se abrió. Nunca había sido de gran calidad y tampoco tenía cosas de valor, ni si quiera dinero. A la izquierda, nada más entrar, están las botellas que usan. Probé 5 al azar, todas llenas. Fantástico, intenté cargar con dos, pero soy un poco tirillas, cada una pesa 20 kilos y agarrarlas con una mano es incómodo. Pero como se trata de sobrevivir lo intenté. Caminando de nuevo a la pasarela una de las botellas, la de la mano izquierda se me resbaló y comenzó a rodar. ¡Mierda! grité. Solté la otra que afortunadamente no rodó y corrí tras la otra. No llegué a tiempo y esta cayó al agua. ¡Joder! Me levanté y me sacudí un poco. Al mirar hacia el club vi como cerca, por la acera una silueta se formaba y definía cada vez más. De un oscurro borrón a una figura humana. Cogí el G36 y apunté para mirar por la óptica y poder ver que era un infectado. No me lo creía. Retiré el arma para mirar por mi mismo para volver a apuntar. Joder, era uno de ellos, el primero. ¿Qué hago? Todavía no había disparado y no tenía ni idea. Estaba a 20 metros por lo menos, mejor que se acerque y así no fallo. La munición era importante. Cuando estaba a punto de disparar oí pasos, repiqueteos de pies desnudos mucho más cerca. Desencaré el arma y vi a uno corriendo. Salía del club de buceo! Joder, había estado hace unos segundos ahí y no se había enterado. Tal vez entró allí por la ventana del baño o quién sabe, pero estoy seguro de que se enteraron por el ruido cuando se me cayeron las botellas. Le apunté rápidamente y disparé de manera instintiva. Era la primera vez que disparaba un arma de fuego. Durante un momento experimenté todas las sensaciones del mundo. Desde el subidón que se experimenta al saber que con solo el dedo índice controlas la vida de la otra persona, hasta el bajón y el miedo al ver que no solo fallé, sino que el retroceso me tiró al suelo. El ghul, infectado, o lo que fuera, corría mucho, y estaba casi encima mio. Intenté alcanzar el G36 que se me había caído tras el retroceso y el susto que me llevé. Mierda, ya le había alcanzado cuando el ghul tapaba con su cabeza el sol que antes me cegaba los ojos. Pensé que todo se había acabado así que cerré los ojos y apreté los dientes. Podría haber luchado pero tenía miedo. Sin embargo un sonido sordo seguido de una cegadora luz me tranquilizó. ¿Había muerto? No. Alguien le había disparado y se había caído a mi lado dejando de nuevo paso a la luz del sol. Joder, había alguien más y me había salvado. El otro ghul, el de la acera que se movía más torpemente todavía estaba a cerca de 20 metros. Iba muy despacio. Giré mi cabeza y vi al ghul ya muerto, su función cerebral ahora si que había terminado. Me levanté y ya recogí el G36. Miré a los lados y a los edificios cercanos pero no discernía nada. Tengo un angel de la guarda me dije. Una nueva oportunidad joder. Ahora ya sabía lo que era estar cerca de la muerte, y el retroceso de un arma de fuego, así que esta vez estaría más preparado. Apunté al ghul tensando más mi brazo para que el golpe no me afectase. Apuesto a que mi angel de la guarda estaba ahí, en su escondite, riéndose como ese inútil vestido de falso militar apunta a un ghul. Disparé y pude ver como se abría su cabeza a la altura de la frente. Apunté al cuello pero se desvió. Tendré que practicar más. Sentí un subidón increible. Todo era diferente. Las botas ya no me apretaban ni me dolía la herida de la uña del pie, era como si todo hubiese cambiado de repente. Grité preguntando quién era el misterioso tirador. Nadie contestó. Aún así volví a gritar diciendo que mañana volvería. Tras hacer cinco viajes pude meter 8 botellas en la motora. Las guardaría en mouro, pero también dejaría dos en la isla del club naútico. Tenía pensado establecer diversos lugares con provisiones. Lo siguiente que tenía pensado era algún baúl estanco para guardar provisiones cerca de alguna boya en caso de necesitarlas algún día, pero ahora no abundan así que no puedo permitirme derrochar comida para guardarla por ahí. Me sentía más seguro así que tras los viajes y haber dejado todas las botellas volvería a la ciudad. Me creía capaz de todo así que era mejor que aprovechase ese sentimiento antes de que fuera demasiado tarde. Entré por el barrio pesquero. Prefería que fuese más a las afueras que en el centro para evitar riesgos. Imaginé un Pedro Munitis zombi y dispararle en las rodillas, pero luego las imágenes de mi imaginación se apagaron tras escuchar un grito. Había subido del puerto cuando un grito, incesante comenzó. No pedía ayuda, solo gritaba. Joder, hoy estaba viviendo más que en mis 24 años de vida. Estaba armado de valor así que corrí hacia el origen del grito. Una cuarta planta de un edificio antiguo de la lonja. Subí por las escaleras crujientes cuando a la altura del tercer piso una se rompió y mi pierna entró hasta casi la pelvis. Me hice alguna herida seguro pero no me disloqué por suerte. Saqué la pierna y seguí subiendo. Si esto fuera una película abusariá del Shaky cam, el efecto ese de agitar la cámara para recrear el estrés de la situación. El cual se podía cortar con un cuchillo. Vi la luz, nunca mejor dicho, del piso del que provenían los gritos. Un pasillo estrecho con algo de luz y al final, un ghul, golpeando una puerta cerrada o lo quedaba de ella. Tras uno de los agujeros podía ver a una persona, que gritaba de manera incesante. No podía arriesgarme a disparar porque lo mismo le doy! Me embargó el espíritu de las películas y solté un ¡Ven aquí gatito! para acto seguido maldecir diciendo ¡Ostias es de los que corre!. Reculé y subí un poco unas escaleras y cuando el infectado estaba lo suficientemente cerca le disparé tres tiros a bocajarro. Cayó al suelo y ya nunca más se movió. Me acerqué al final del pasillo, con calma para que no se alterase y al ver que no era uno de los ghules salió corriendo y me abrazó. Era una mujer de unos 40 años o tal vez menos, pero estos días de angustia envejecen a cualquiera. Le di agua de mi cantimplora y me contó que gracias que el ejército había llegado. Su nombre era Marta y tenía 37 años según me dijo aunque aparentaba 40 por que llevaba varios días encerrada en casa por miedo y esta misma mañana un ghul la había visto por la ventana. Dijo que yo era su ángel de la guarda aunque su semblante se oscureció cuando la expliqué que ya no quedaba nada, ni si quiera ejército y cometí un error, la dije que me acompañara a mi pequeña fortaleza, mi pequeño refugio seguro. Llevarla allí significaba dividir por dos las raciones y cantidades de supervivencia pero el error que no cometí fue el de contarla mis planes y mis otras opciones. Tenía heridas en las manos pero eran pequeños arañazos como de zarzas. Se los limpié con agua y subimos a la motora, nos dirigimos a la isla, a mi pequeño refugio donde terminé de explicarle lo que sabía. Le expliqué que según creo hay dos tipos de ghules, los torpes y los veloces, que no sé exactamente porqué, pero son así. Ya es tarde, exactamente las 24:14. Marta no se ha acostado, me ha pedido que la abrace al dormir porque tiene miedo, pero la he dicho que no. No quiero unir lazos con nadie ahora, porque no sé cuando se podrán romper, y lo último que necesito es perder a más gente. La he advertido de que tiene que buscar una función para la que sea útil en el refugio o en la supervivencia, sino, solo estará acortándome los víveres y es lo último que quiero. Cierro el libro, mañana tal vez sea otro día, o tal vez no. Volveré a por más botellas de oxígeno y tal vez conozca a mi ángel de la guarda, o tal vez, me dispare a mi. |
Posteada por Wallack Archivado en: Zombi |